PADRE NUESTRO

jueves, 1 de abril de 2010

EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS...

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LA ORACIÓN EN LA AGONÍA DE GETSEMANÍ
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR: PASIÓN DE LA IGLESIA

Jes�s en el Huerto de los olivosI. Después de la última Cena, Jesús tiene una inmensa necesidad de orar. Su alma está triste hasta la muerte. En el Huerto de los Olivos cae abatido: se postró rostro en tierra (Mateo 26, 39), precisa San Mateo. "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no sea yo como quiero, sino como quieres Tú". En Jesús se unen a la tristeza, un tedio y una angustia mortales.

Buscó apoyarse en la compañía de sus amigos íntimos y los encontró durmiendo; pero, entre tanto, uno no dormía; el traidor conjuraba con sus enemigos. Él, que es la misma inocencia, carga con los pecados de todos y cada uno de los hombres, y se ofreció, con cuánto amor, como Víctima para pagar personalmente todas nuestras deudas... y de cuántos solo recibe olvido y menosprecio.

¡Cuánto hemos de agradecer al Señor su sacrificio voluntario para librarnos del pecado y de la muerte eterna! En nuestra vida puede haber momentos de profundo dolor, en que cueste aceptar la Voluntad de Dios, con tentaciones de desaliento. La imagen de la Agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos nos enseña a abrazar la Voluntad de Dios, sin poner obstáculo alguno ni condiciones, aunque por momentos pidamos ser librados, con tal de que así pudiésemos identificarnos con la Voluntad de Dios. Debe ser una oración perseverante.

II. Hemos de rezar siempre, por nosotros y por la Iglesia; pero hay momentos en que esa oración se ha de intensificar, cuando la lucha se hace más dura; abandonarla sería como dejar abandonado a Cristo y quedar nosotros a merced del enemigo: "solo me condeno; con Dios me salvo" decía San Agustín.

Nuestra meditación y oración diaria, siempre a través de la Santísima Virgen, para poner el corazón con el de Ella en Dios, siendo verdadera oración, nos mantendrá vigilantes ante el enemigo que no duerme: "vigilad y orad para que no caigáis en tentación..." Y nos hará fuertes para sobrellevar y vencer tentaciones y dificultades. Si nos descuidáramos perderíamos la alegría y nos veríamos sin fuerzas para combatir y dar testimonio de la Verdad. 

III. Los santos han sacado mucho provecho para su alma y para la Iglesia de este pasaje de la vida del Señor. Santo Tomás Moro nos muestra cómo la Agonía del Señor en Getsemaní ha fortalecido a muchos cristianos ante grandes dificultades y tribulaciones. También Él fue fortalecido con la contemplación de estas escenas, mientras esperaba el martirio por ser fiel a la fe. Y puede ayudarnos a nosotros a ser fuertes en las dificultades, grandes o pequeñas, de nuestra vida ordinaria y aprovecharlas para reparar por nuestras faltas y ofrecer por la Iglesia. El primer misterio doloroso del Santo Rosario puede ser tema de nuestra oración cuando nos cueste descubrir la Voluntad de Dios en los acontecimientos de nuestra vida personal y en los de la historia de la Iglesia que quizá no entendemos. Podemos entonces rezar con frecuencia a modo de jaculatoria: 

"Quiero lo que quieres, quiero porque quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras"... (Misal Romano, Acción de gracias después de la Misa, oración universal de Clemente XI).

Fuente: Webcatólica.-

VIERNES SANTO...

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ALGUNOS TEXTOS SOBRE LA EUCARISTÍA
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Presencia real
En el santísimo sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero". "Esta presencia se denomina real, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen reales, sino por excelencia, porque es sustancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente".
Catecismo, n. 1374 misterio de la fe.

Misterio de la fe
Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación"

Catecismo, n. 1376

Cristo todo entero
La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.

Catecismo, n. 1377

Sólo por la fe
"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en ese sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22, 19: Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros, S. Cirilo declara: no te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque Él, que es la Verdad, no miente"

Catecismo, n. 1381

Jesús está presente en la Eucaristía.
¡No olvidéis que Jesús ha querido permanecer presente, personal y realmente, en la Eucaristía, misterio inmenso, pero realidad segura, para concretar de modo auténtico este amor suyo individual y salvífico!

Juan Pablo II, Roma, 11-III-1979

¡Cristo vive!
Este mismo sacrificio redentor de Cristo se actualiza sacramentalmente en cada Misa que se celebra, quizá muy cerca de vuestros lugares de estudio y de trabajo. No es Jesús, por tanto, alguien que ha dejado de actuar en nuestra historia. ¡No! ¡Él vive! Y continúa buscándonos a cada uno para que nos unamos a Él cada día en la Eucaristía, también, si es posible, acercándonos -con el alma en gracia, limpia de todo pecado mortal- a la comunión.

Juan Pablo II, Buenos Aires, 11-IV-1987


El momento de la despedida
¡Cuántas veces en nuestra vida hemos visto separarse a dos personas que se aman!
Y en la hora de la partida, un gesto, una fotografía, un objeto que pasa de una mano a otra para prolongar de algún modo la presencia en la ausencia. Y nada más. El amor humano sólo es capaz de estos símbolos.
En testimonio y como lección de amor, en el momento de la despedida, "viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Jn. 13, l).
Así, al despedirse, Nuestro Señor Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, no deja a sus amigos un símbolo, sino la realidad de Sí mismo. Va junto al Padre, pero permanece entre nosotros los hombres. No deja un simple objeto para evocar su memoria. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente, con su Cuerpo y su Sangre, su alma y su divinidad.

Juan Pablo II Fortaleza (Brasil), 9-VII-1980

Adorar a Cristo en el Sagrario
Cristo se queda en medio de nosotros. No sólo durante la Misa, sino también después, bajo las especies reservadas en el Sagrario. Y el culto eucarístico se extiende a todo el día, sin que se limite a la celebración del Sacrificio. Es un Dios cercano, un Dios que nos espera, un Dios que ha querido permanecer con nosotros. Cuado se tiene fe en esa presencia real, ¡qué fácil resulta estar junto a Él, adorando al Amor de los amores!, ¡qué fácil es comprender las expresiones de amor con que a lo largo de los siglos los cristianos han rodeado la Eucaristía!

Juan Pablo II. Lima, 15-VI-1988

Examánese cada cual
Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: "quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examánese pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz
"Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo". Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.
Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión-. "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Catecismo n. 1385

Jamás dejéis la misa dominical
Que vuestra fidelidad se manifieste especialmente en la participación litúrgica dominical y festiva: jamás dejéis la Santa Misa y, si os es posible, no dejéis jamás el encuentro con Cristo en la comunión eucarística.

Juan Pablo II. Velletri (Italia), 8-1X-1980

BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO
Jesucristo, antes de irse al Cielo, bendice a los hombres que estaban con Él. Y sigue bendiciéndonos cuando Él, presente en la Hostia, dejándose llevar en las manos del sacerdote, nos hace la señal de la cruz.
Aquí quiere decir que Jesús me bendice- Bendecir: decir bien; y lo que Dios dice se hace. Cuando bendice, dice y hace el bien, da su fuerza, su paz, su gracia, su eficacia a aquello que bendice. Es como si Jesucristo dijese: eso que bendigo lo apoyo, dará la fuerza que necesite, digo bien de eso, cuenta con mi gracia.
Antes y después de lo que es propiamente la bendición aprovechamos para adorarle, para darle -hablando humanamente- un gustazo; procuramos que está a gusto, que disfrute con nosotros.


ESTACIÓN DE ADORACIÓN
Se reza tres veces lo que sigue, terminando con "una comunión espiritual"

V: Viva Jesús Sacramentado
R: Viva y de todos sea amado
Padrenuestro, Ave María y Gloria. Comunión espiritual.
Yo quisiera Señor recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.
Oración: ¡Oh Dios!, que bajo un Sacramento admirable nos dejaste en memoria de tu Pasión, concédenos que de tal suerte veneremos los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Amén.

BENDICIÓN




Mientras Jesucristo, en manos del sacerdote, te hace la señal de la cruz, clava los ojos en Él, y aprovecha para adorarle, agradecerle, pedirle perdón, y pedirle que bendigo lo que quieras (también tus buenos deseos, Intenciones, etc.)

ALABANZAS DE DESAGRAVIO
Dios nos ha bendecido. Ahora lo bendecimos nosotros a Él. Agradecidos, decimos lo bueno que es nuestro Dios con esta colección de piropos que le echamos a Él y a quienes Él más quiere.

1.    Bendito sea Dios.

2.    Bendito sea su santo Nombre

3.    Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

4.    Bendito sea el Nombre de Jesús.

5.    Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

6.    Bendita sea su Preciosísima Sangre.
7.    Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

8.    Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
9.    Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

10. Bendita sea su Santa e lnmaculada Concepción.

11. Bendita sea su gloriosa Asunción.

12. Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

13. Bendito sea San José, su castísimo Esposo.

14. Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus Santos. Amén.

HIMNO EUCARÍSTICO
Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el hijo de Dios, nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
En la cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! pan vivo que das la vida al hombre: concede a mi alma que de ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, pelícano bueno: límpiame a mí inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos sus crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Así sea

Presencia real

En el santísimo sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Se�or Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero". "Esta presencia se denomina real, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen reales, sino por excelencia, porque es sustancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente".

Catecismo, n. 1374 misterio de la fe

Misterio de la fe

Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación"

Catecismo, n. 1376

Cristo todo entero

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.

Catecismo, n. 1377

Sólo por la fe

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en ese sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22, 19: Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros, S. Cirilo declara: no te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque Él, que es la Verdad, no miente"

Catecismo, n. 1381

Jesús está presente en la Eucaristía.

¡No olvidéis que Jesús ha querido permanecer presente, personal y realmente, en la Eucaristía, misterio inmenso, pero realidad segura, para concretar de modo auténtico este amor suyo individual y salvífico!

Juan Pablo II, Roma, 11-III-1979

¡Cristo vive!

Este mismo sacrificio redentor de Cristo se actualiza sacramentalmente en cada Misa que se celebra, quizá muy cerca de vuestros lugares de estudio y de trabajo. No es Jesús, por tanto, alguien que ha dejado de actuar en nuestra historia. ¡No! ¡Él vive! Y continúa buscándonos a cada uno para que nos unamos a Él cada día en la Eucaristía, también, si es posible, acercándonos -con el alma en gracia, limpia de todo pecado mortal- a la comunión.

Juan Pablo II, Buenos Aires, 11-IV-1987

El momento de la despedida

¡Cuántas veces en nuestra vida hemos visto separarse a dos personas que se aman!

Y en la hora de la partida, un gesto, una fotografía, un objeto que pasa de una mano a otra para prolongar de algún modo la presencia en la ausencia. Y nada más. El amor humano sólo es capaz de estos símbolos.

En testimonio y como lección de amor, en el momento de la despedida, "viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Jn. 13, l).

Así, al despedirse, Nuestro Señor Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, no deja a sus amigos un símbolo, sino la realidad de Sí mismo. Va junto al Padre, pero permanece entre nosotros los hombres. No deja un simple objeto para evocar su memoria. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente, con su Cuerpo y su Sangre, su alma y su divinidad.

Juan Pablo II Fortaleza (Brasil), 9-VII-1980

Adorar a Cristo en el Sagrario

Cristo se queda en medio de nosotros. No sólo durante la Misa, sino también después, bajo las especies reservadas en el Sagrario. Y el culto eucarístico se extiende a todo el día, sin que se limite a la celebración del Sacrificio. Es un Dios cercano, un Dios que nos espera, un Dios que ha querido permanecer con nosotros. Cuado se tiene fe en esa presencia real, ¡qué fácil resulta estar junto a Él, adorando al Amor de los amores!, ¡qué fácil es comprender las expresiones de amor con que a lo largo de los siglos los cristianos han rodeado la Eucaristía!

Juan Pablo II. Lima, 15-VI-1988

Examínese cada cual

Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: "quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz.

"Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo". Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.

Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión-. "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Catecismo n. 1385

Jamás dejéis la misa dominical

Que vuestra fidelidad se manifieste especialmente en la participación litúrgica dominical y festiva: jamás dejéis la Santa Misa y, si os es posible, no dejéis jamás el encuentro con Cristo en la comunión eucarística.

Juan Pablo II. Velletri (Italia), 8-1X-1980

BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO

Jesucristo, antes de irse al Cielo, bendice a los hombres que estaban con Él. Y sigue bendiciéndonos cuando Él, presente en la Hostia, dejándose llevar en las manos del sacerdote, nos hace la señal de la cruz.

AQuí quiere decir que Jesús me bendice- Bendecir: decir bien; y lo que Dios dice se hace. Cuando bendice, dice y hace el bien, da su fuerza, su paz, su gracia, su eficacia a aquello que bendice. Es como si Jesucristo dijese: eso que bendigo lo apoyo, dará la fuerza que necesite, digo bien de eso, cuenta con mi gracia.

Antes y después de lo que es propiamente la bendición aprovechamos para adorarle, para darle -hablando humanamente- un gustazo; procuramos que está a gusto, que disfrute con nosotros.

ESTACIÓN DE ADORACIÓN

Se reza tres veces lo que sigue, terminando con "una comunión espiritual"

V: Viva Jesús Sacramentado
R: Viva y de todos sea amado

Padrenuestro, Ave María y Gloria. Comunión espiritual.

Yo quisiera Señor recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.

Oración: ¡Oh Dios!, que bajo un Sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión, concédenos que de tal suerte veneremos los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Amén.

BENDICIÓN

Mientras Jesucristo, en manos del sacerdote, te hace la señal de la cruz, clava los ojos en Él, y aprovecha para adorarle, agradecerle, pedirle perdón, y pedirle que bendigo lo que quieras (también tus buenos deseos, Intenciones, etc.)

ALABANZAS DE DESAGRAVIO

Dios nos ha bendecido. Ahora lo bendecimos nosotros a Él. Agradecidos, decimos lo bueno que es nuestro Dios con esta colección de piropos que le echamos a Él y a quienes Él más quiere.

1. Bendito sea Dios.

2. Bendito sea su santo Nombre

3. Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

4. Bendito sea el Nombre de Jesús.

5. Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

6. Bendita sea su Preciosísima Sangre.

7. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

8. Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

9. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

10. Bendita sea su Santa e lnmaculada Concepción.

11. Bendita sea su gloriosa Asunción.

12. Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

13. Bendito sea San José, su castísimo Esposo.

14. Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus Santos. Amén.

HIMNO EUCARÍSTICO

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el hijo de Dios, nada es más verdadero que esta palabra de verdad.

En la cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor! pan vivo que das la vida al hombre: concede a mi alma que de ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, pelícano bueno: límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos sus crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Así sea

Presencia real

En el santísimo sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero". "Esta presencia se denomina real, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen reales, sino por excelencia, porque es sustancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente".

Catecismo, n. 1374 misterio de la fe

Misterio de la fe

Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transustanciación"

Catecismo, n. 1376

Cristo todo entero

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.

Catecismo, n. 1377

Sólo por la fe

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en ese sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22, 19: Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros, S. Cirilo declara: no te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque Él, que es la Verdad, no miente".

Catecismo, n. 1381

Jesús está presente en la Eucaristía.

¡No olvidéis que Jesús ha querido permanecer presente, personal y realmente, en la Eucaristía, misterio inmenso, pero realidad segura, para concretar de modo auténtico este amor suyo individual y salvífico!

Juan Pablo II, Roma, 11-III-1979

¡Cristo vive!

Este mismo sacrificio redentor de Cristo se actualiza sacramentalmente en cada Misa que se celebra, quizá muy cerca de vuestros lugares de estudio y de trabajo. No es Jesús, por tanto, alguien que ha dejado de actuar en nuestra historia. ¡No! ¡Él vive! Y continúa buscándonos a cada uno para que nos unamos a Él cada día en la Eucaristía, también, si es posible, acercándonos -con el alma en gracia, limpia de todo pecado mortal- a la comunión.

Juan Pablo II, Buenos Aires, 11-IV-1987

El momento de la despedida

¡Cuántas veces en nuestra vida hemos visto separarse a dos personas que se aman!

Y en la hora de la partida, un gesto, una fotografía, un objeto que pasa de una mano a otra para prolongar de algún modo la presencia en la ausencia. Y nada más. El amor humano sólo es capaz de estos símbolos.

En testimonio y como lección de amor, en el momento de la despedida, "viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin" (Jn. 13, l).

Así, al despedirse, Nuestro Señor Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, no deja a sus amigos un símbolo, sino la realidad de Sí mismo. Va junto al Padre, pero permanece entre nosotros los hombres. No deja un simple objeto para evocar su memoria. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente, con su Cuerpo y su Sangre, su alma y su divinidad.

Juan Pablo II Fortaleza (Brasil), 9-VII-1980

Adorar a Cristo en el Sagrario

Cristo se queda en medio de nosotros. No sólo durante la Misa, sino también después, bajo las especies reservadas en el Sagrario. Y el culto eucarístico se extiende a todo el día, sin que se limite a la celebración del Sacrificio. Es un Dios cercano, un Dios que nos espera, un Dios que ha querido permanecer con nosotros. Cuado se tiene fe en esa presencia real, ¡qué fácil resulta estar junto a Él, adorando al Amor de los amores!, ¡qué fácil es comprender las expresiones de amor con que a lo largo de los siglos los cristianos han rodeado la Eucaristía!

Juan Pablo II. Lima, 15-VI-1988

Examínese cada cual

Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: "quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz.

"Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo". Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar.

Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión-. "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Catecismo n. 1385

Jamás dejéis la misa dominical

Que vuestra fidelidad se manifieste especialmente en la participación litúrgica dominical y festiva: jamás dejéis la Santa Misa y, si os es posible, no dejéis jamás el encuentro con Cristo en la comunión eucarística.

Juan Pablo II. Velletri (Italia), 8-1X-1980

BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO

Jesucristo, antes de irse al Cielo, bendice a los hombres que estaban con Él. Y sigue bendiciéndonos cuando Él, presente en la Hostia, dejándose llevar en las manos del sacerdote, nos hace la señal de la cruz.

¡Qué quiere decir que Jesús me bendice- Bendecir: decir bien; y lo que Dios dice se hace. Cuando bendice, dice y hace el bien, da su fuerza, su paz, su gracia, su eficacia a aquello que bendice. Es como si Jesucristo dijese: eso que bendigo lo apoyo, dará la fuerza que necesite, digo bien de eso, cuenta con mi gracia.

Antes y después de lo que es propiamente la bendición aprovechamos para adorarle, para darle -hablando humanamente- un gustazo; procuramos que está a gusto, que disfrute con nosotros.

ESTACIÓN DE ADORACIÓN

Se reza tres veces lo que sigue, terminando con "una comunión espiritual".

V: Viva Jesús Sacramentado
R: Viva y de todos sea amado

Padrenuestro, Ave María y Gloria. Comunión espiritual.

Yo quisiera Señor recibiros, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos.

Oración: ¡Oh Dios!, que bajo un Sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión, concédenos que de tal suerte veneremos los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu Redención: Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Amén.

BENDICIÓN

Mientras Jesucristo, en manos del sacerdote, te hace la señal de la cruz, clava los ojos en Él, y aprovecha para adorarle, agradecerle, pedirle perdón, y pedirle que bendigo lo que quieras (también tus buenos deseos, Intenciones, etc.)

ALABANZAS DE DESAGRAVIO

Dios nos ha bendecido. Ahora lo bendecimos nosotros a Él. Agradecidos, decimos lo bueno que es nuestro Dios con esta colección de piropos que le echamos a Él y a quienes Él más quiere.

1. Bendito sea Dios.

2. Bendito sea su santo Nombre

3. Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.

4. Bendito sea el Nombre de Jesús.

5. Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

6. Bendita sea su Preciosísima Sangre.

7. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

8. Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

9. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

10. Bendita sea su Santa e lnmaculada Concepción.

11. Bendita sea su gloriosa Asunción.

12. Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.

13. Bendito sea San José, su castísimo Esposo.

14. Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus Santos. Amén.

HIMNO EUCARÍSTICO

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte

Al juzgar de ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto, pero basta con el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el hijo de Dios, nada es más verdadero que esta palabra de verdad

En la cruz se escondía sólo la divinidad, pero aquí también se esconde la humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en ti, que en ti espere, que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor! pan vivo que das la vida al hombre: concede a mi alma que de ti viva, y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, pelícano bueno: límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos sus crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria. Así sea

Santo Tomás

Texto extraído del libro "Corpus Christi", cuyo autor es José Pedro Manglano Castellary. Editorial Descláe de Brouwer...



lunes, 15 de marzo de 2010

SAN JOSE EL HOMBRE JUSTO...




SAN JOSÉ, EL HOMBRE JUSTO
Meditación antes del rezo del Ángelus. Miércoles 19 de marzo de 1986
 

Queridos hermanas y hermanos:

1. "El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la Virgen se llamaba María" (Lc 1, 26-27). En el relato de la Anunciación, al lado de la Virgen Santísima aparece su esposo, José, el gran Santo al que precisamente hoy veneramos.

¡Cómo surge espontáneo y natural el recuerdo de su bondadosa figura en esta hora del "Ángelus" dedicada a María, y precisamente desde este espléndido púlpito, que Donatello construyó en honor de la Virgen del Sacro Cíngulo, particularmente venerada por vosotros, pratenses, en esta basílica catedral!

Al rezar el "Ángelus" junto con vosotros, queridos jóvenes estudiantes, mi pensamiento vuela a los largos años que Jesús transcurrió en el seno de su familia, con María y con José. En la juventud de Jesús encontráis la luz que puede iluminar vuestro camino estos años de crecimiento. Los Evangelios ―es cierto― son muy sobrios al hablarnos de este período de la vida del Salvador. Sin embargo, lo poco que nos dicen nos ofrece una luz de extraordinaria intensidad, que puede guiaros muy bien entre las oscuridades, las incertezas y las dificultades propias de vuestra edad.

2. Queridos jóvenes: Mirad a Jesús en su vida oculta de Nazaret. A Jesús, que fue joven como vosotros, hizo suya también vuestra edad, y, por lo mismo, la insertó en el gran plan de la redención y de la salvación. Todo lo que el Verbo divino, al encarnarse, asumió de nuestra condición humana, adquiere, en Él y por medio de Él, un valor maravilloso, un significado salvífico con miras a la vida eterna. El Hijo de Dios quiso hacer suyo nuestro camino humano, nuestra historia, nuestro crecimiento humano, físico y espiritual: en el seno de su familia ―como nos dice Lucas― "Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia" (Lc 2, 52); "iba creciendo y su carácter se afianzaba" (Lc 1, 80). Crecía en su maduración humana, en los afectos familiares, y en la preparación a su misión. ¡Preciosos momentos de la vida del Salvador! Las grandes misiones en servicio del hombre no se improvisan, sino que exigen una larga preparación, en el silencio de una laboriosidad tenaz y perseverante. Así fue para el joven Jesús. Así debe ser también para vosotros, queridos jóvenes, si queréis preparar un futuro luminoso y sereno, constructivo y fecundo para vosotros y para la sociedad de mañana. Vuestro porvenir será cual lo hayáis querido y lo hayáis preparado en estos años preciosos de vuestra juventud. El futuro os pertenece en la medida en que sepáis sustraeros a las tentaciones del mal y afirmar vuestra personalidad adhiriéndoos a lo que es verdadero, a lo que es justo, a lo que es bien.

3. Al lado de Jesús veis la dulce figura de María, su Madre y Madre nuestra, sentís la serena presencia de José, el hombre "justo" (Mt 1, 19), que en laborioso silencio provee a las necesidades de toda la familia. Hoy, 19 de marzo, se detiene en él, sobre todo, la mirada del corazón para admirar sus dotes de discreción y de disponibilidad, de laboriosidad y de valentía, que circundan su bondadosa figura con una aureola de cautivadora simpatía. Toda la tradición ha visto en San José al Patrono y Protector de la comunidad de los creyentes; su poderosa intercesión acompaña y protege el camino de la Iglesia en el curso de la historia. Él la defiende de los peligros, la sostiene en las luchas y sufrimientos, le señala el camino, le obtiene alientos y consuelos.

Tened confianza en este Santo tan grande y tan humilde. Partícipe como es del misterio de María y de su Hijo divino, él os guiará dulcemente y con seguridad a la comprensión de este misterio de salvación, y llevará a cumplimiento cuanto de hermoso ―a la luz de Dios― desea vuestro corazón.

San José con el ejemplo de su vida, os habla también a vosotros, jóvenes de hoy, y os invita a dar en el mundo testimonio de vuestro amor a Cristo, de vuestra honestidad y coherencia, de vuestro compromiso para construir una sociedad más justa y más humana.
    

jueves, 18 de febrero de 2010

CAMINO A LOS ALTARES...


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ORACION PARA IMPLORAR FAVORES POR INTERSECCION DE JUAN PABLO II

Oh Trinidad Santa,
Te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor.

Él, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.

Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.
Amén.
Proceso de Beatificación
  • Juan Pablo II ya está camino a los altares

    ROMA, 28 Jun. 05 (ACI).- Esta noche se abrió oficialmente en la Basílica romana de San Juan de Letrán, el proceso de beatificación del Papa Juan Pablo II, con una solemne ceremonia en la que se recordó la vida y legado de “El Grande”.
  • Difunden oración oficial para pedir favores por intercesión de JPII

    ROMA, 23 Jun. 05 (ACI).- La Diócesis de Roma, encargada de promover la beatificación del Papa Juan Pablo II, difundió una oración oficial en varios idiomas, para implorar favores por intercesión del Pontífice.

    El texto aparece en el sitio web oficial de la causa del Pontífice http://www.vicariatusurbis.org/Beatificazione.asp en italiano, español, inglés, francés, polaco y portugués.


  • El Papa anuncia apertura de causa de beatificación de Juan Pablo II

    VATICANO, 13 May. 05 (ACI).- El Papa Benedicto XVI anunció hoy sorpresivamente la apertura de la causa de beatificación de Juan Pablo II, dispensando de los cinco años de espera que deben transcurrir tras la muerte de un Siervo de Dios.


  • Cardenales firman carta para pronta canonización de Juan Pablo II

    MILÁN, 12 Abr. 05 (ACI).- Un significativo número de cardenales de los reunidos estos días en Roma, firmó una carta que será presentada al nuevo Pontífice, con la petición de que Juan Pablo II sea canonizado prontamente, informó el diario “Corriere della Sera".


  • Arzobispo explica que beatificación de Juan Pablo II tomaría poco tiempo

    VATICANO, 11 Abr. 05 (ACI).- Hace dos días los cardenales reunidos en Roma explicaron que el inicio del proceso de beatificación del Papa Juan Pablo II dependerá exclusivamente de su sucesor. En este contexto, el Secretario de la Congregación para la Causa de los Santos, Mons. Edward Nowak, consideró que el eventual proceso tardaría muy poco tiempo.


  • Card. Marchisano afirma que se curó con la ayuda de Juan Pablo II

    VATICANO, 10 Abr. 05 (ACI).- Son miles las cartas que durante estos días previos al Cónclave han ido llegando al Vaticano contando milagros atribuidos al difunto Pontífice Juan Pablo II. Sin embargo, uno de los testimonios más elocuentes no llegó por correo, sino que fue ofrecido en vivo desde la Basílica de San Pedro. 
     TESTAMENTO...











    Totus Tuus ego sum

    En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.

    "Velad porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor" (cf.Mt 24, 42), estas palabras me recuerdan la última llamada, que vendrá en el momento que quiera el Señor. Quiero seguirle y deseo que todo lo que forma parte de mi vida terrenal me prepare para este momento. No sé cuando llegará, pero como todo, también deposito este momento en las manos de la Madre de mi Maestro: Totus Tuus. En sus manos maternas lo dejo todo y a todos aquellos con quienes me ha ligado mi vida y mi vocación. En esas manos dejo sobre todo a la Iglesia y también a mi nación y a toda la humanidad. A todos doy las gracias. A todos pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad y mi indignidad. Durante los ejercicios espirituales he releído el testamento del Santo Padre Pablo VI. Su lectura me ha llevado a escribir el presente testamento.

    No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea necesario disponer. En cuanto a las cosas de uso cotidiano que me servían, pido que se distribuyan como se considere oportuno. Que se quemen mis apuntes personales. Pido que se encargue de todo esto don Stanislao a quien doy las gracias por la gran colaboración y la ayuda prolongadas en estos años. Todos los demás agradecimientos, en cambio, los dejo en el corazón ante Dios mismo, porque es difícil expresarlos.

    En lo que se concierne al funeral, repito las mismas disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI (nota al margen: la sepultura en la tierra, no en un sarcófago, 13.3.92)

    "apud Dominum misericordia et copiosa apud Eum redemptio"

    Juan Pablo II
    Roma, 6. III. 1979
    Después de la muerte pido Santas Misas y oraciones
    5.III.90

    Folio sin fecha:
    Expreso mi más profunda confianza en que, a pesar de toda mi debilidad, el Señor me conceda todas las gracias necesarias para hacer frente según Su voluntad a cualquier tarea, prueba o sufrimiento que quiera pedir a su siervo en el curso de la vida. También tengo confianza en que no permitirá jamás que, mediante cualquier actitud mía: palabras, obras u omisiones, traicione mis obligaciones en esta Santa Sede Petrina.

    24.II-1.III.1980
    También durante estos ejercicios espirituales he reflexionado sobre la verdad del sacerdocio de Cristo en la perspectiva de aquel tránsito que para cada uno de nosotros es el momento de la propia muerte. Del adiós a este mundo para nacer a otro, al mundo futuro, signo elocuente (escrito encima: decisivo) es para nosotros la Resurrección de Cristo. He leído por tanto mi testamento del último año, lectura efectuada también durante los ejercicios espirituales, la he comparado con el testamento de mi gran predecesor y padre Pablo VI, con ese testimonio sublime de la muerte de un cristiano y de un Papa y he renovado en mí la conciencia de las cuestiones a las que se refiere el registro del 6.III.1979 que yo había preparado –de forma bastante provisional. Hoy sólo quiero añadir esto, que cada uno debe tener presente la perspectiva de la propia muerte. Y debe estar preparado para presentarse frente al Señor y Juez y, al mismo tiempo frente al Redentor y al Padre. Así, yo también lo tengo continuamente en consideración, confiando ese momento decisivo a la Madre de Cristo y de la Iglesia, a la Madre de mi esperanza. Los tiempos que vivimos son indeciblemente difíciles e inquietos. También el camino de la Iglesia se ha vuelto difícil y tenso, tanto para los fieles como para los pastores, prueba característica de estos tiempos. En algunos países –como por ejemplo en aquel del cual he leído en los ejercicios espirituales– la Iglesia se encuentra en un periodo de persecución tal que no es inferior a la de los primeros siglos, al contrario, incluso los supera por el grado de impiedad y odio. Sanguis martyrum - semen christianorum. Y además esto: muchas personas inocentes desaparecen también en este país en que vivimos... 
    Deseo una vez más confiarme totalmente a la gracia del Señor. Él mismo decidirá cuándo y cómo tengo que terminar mi vida terrena y mi ministerio pastoral. En la vida y en la muerte Totus Tuus con la Inmaculada. Aceptando ya desde ahora esta muerte, espero que Cristo me conceda la gracia para el último pasaje, es decir la Pascua, (la mía). También espero que haga que sea yo útil para esta causa tan importante a la que intento servir: la salvación de la humanidad, la salvaguarda de la familia humana, y con ella de todas las naciones y todos los pueblos, –entre ellos también me dirijo de forma particular a mi Patria terrena– útil para las personas que de modo particular me ha confiado, para velar por la Iglesia, para la gloria de Dios.

    No quiero añadir nada a lo que escribí hace un año, sólo manifestar esta disposición y también esta confianza a las que nuevamente me han dispuesto los ejercicios espirituales.
    Juan Pablo II

    Totus Tuus ego sum
    5.III.1982
    En el curso de los ejercicios espirituales de este año he leído (varias veces) el texto del testamento del 6.III.1979. A pesar de que todavía lo considero provisional (no definitivo) lo dejo como existe. No cambio nada (por ahora) y tampoco agrego, en lo que se refiere a las disposiciones que contiene. El atentado contra mi vida el 13.V.1981 confirmó, de alguna forma la exactitud de las palabras escritas en el periodo de los ejercicios espirituales de 1980 ( 24.II- 1.III).

    Cuanto más profundamente siento que me encuentro totalmente en Manos de Dios, permanezco continuamente a disposición de mi Señor, confiándome a Él en su Madre Inmaculada (Totus Tuus). 

    Juan Pablo II pp. II

     
    5.III.82
    En lo que respecta a la última frase de mi testamento del 6.III.79: "Sobre el lugar del funeral decida el Colegio Cardenalicio y los compatriotas. Aclaro que pienso en: el metropolitano de Cracovia o el Consejo General del Episcopado de Polonia. Pido por tanto al Colegio Cardenalicio que satisfaga en la medida de lo posible las eventuales peticiones de los más anteriormente citados.

    1.III.1985
    (en el curso de los ejercicios espirituales).

    De nuevo –en lo referente a la expresión "Colegio Cardenalicio y los Compatriotas–: el "Colegio Cardenalicio" no tiene obligación alguna de interpelar sobre este argumento a " los Compatriotas": sin embargo, puede hacerlo, si por alguna razón lo considerase justo.
    JPII

    Los ejercicios espirituales del año jubilar del 2000
    (12-18.III)
    (para el testamento)

    1. Cuando el día 16 de febrero de 1978 el cónclave de los cardenales eligió a Juan Pablo II, el primado de Polonia, Cardenal Stefan Wyszynsk, me dijo: "La tarea del nuevo Papa será introducir a la Iglesia en el Tercer Milenio". No sé si repito exactamente la frase, pero al menos ese era el sentido de lo que sentí entonces. Lo dijo el hombre que ha pasado a la historia como Primado del Milenio. Un gran primado. He sido testigo de su misión, de su entrega total. De sus luchas: de su victoria. "La victoria, cuando llegue, será una victoria a través de María". Estas palabras de su predecesor, el Cardenal August Hlond, las solía repetir el Primado del Milenio. De este modo, me he preparado para la tarea que el día 16 de octubre de 1978 se presentó ante mí. En el momento en que escribo estas palabras, el Año Jubilar del 2000 ya es una realidad. La noche del 24 de diciembre de 1999 se abrió la Puerta Santa del Gran Jubileo en la Basílica de San Pedro, después la de San Juan de Letrán, la de Santa María la Mayor, en año nuevo y el día 19 de enero la puerta de la Basílica de San Pablo de Extramuros. Este último acto, dado su carácter ecuménico, ha quedado grabado en mi memoria de modo particular.

    2. A medida que pasa el Año Jubilar del 2000, un día tras otro, se cierra tras nosotros el siglo XX y se abre el siglo XXI. Según los designios de la Providencia se me ha concedido vivir en el difícil siglo que se está acabando, que empieza a pertenecer al pasado y ahora, en el año en que alcanzo los 80 años de vida ('octogesima adveniens'), es necesario preguntarse si no es tiempo de repetir con el bíblico Simeón: 'Nunc dimittis'. El día 13 de mayo de 1981, el día del atentado al Papa durante la audiencia general en la Plaza San Pedro, la Divina Providencia me salvó milagrosamente de la muerte. Aquel que es único Señor de la vida y de la muerte, Él mismo me ha prolongado esta vida, en un cierto modo me la ha vuelto a dar. Desde aquel momento pertenece aún más a Él. Espero que Él me ayudará a reconocer hasta cuando debo continuar este servicio, al que me llamó el día 16 de octubre de 1978. Le pido que me llame cuando quiera. "Pues si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor" (cf. Rm 14, 8). Espero que hasta que pueda realizar el servicio petrino en la Iglesia, la Misericordia de Dios me obtenga las fuerzas necesarias para ello.

    3. Como todos los años, durante los ejercicios espirituales he leído mi testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo las disposiciones contenidas en él. Lo que entonces y durante los sucesivos ejercicios espirituales he añadido es un reflejo de la difícil y tensa situación general, que ha marcado los años ochenta. Desde el otoño de 1989 esta situación ha cambiado. El último decenio del siglo pasado ha estado libre de las tensiones anteriores; esto no significa que no hayan surgido nuevos problemas y dificultades. De modo particular, sea alabada la Divina Providencia por ello, el periodo de la llamada "guerra fría" terminó sin el violento conflicto nuclear que pesaba sobre el mundo en el periodo precedente.

    4. Al encontrarme en el umbral del tercer milenio "in medio Ecclesiae", deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, –del que junto a la Iglesia entera y todo el episcopado– me siento deudor. Estoy convencido de que las nuevas generaciones podrán servirse todavía durante mucho tiempo de las riquezas proporcionadas por este Concilio del siglo XX. Como obispo que ha participado en el evento conciliar desde el primer hasta el último día, deseo confiar este gran patrimonio a todos aquellos que son y serán llamados a ponerlo en práctica en el futuro. Por mi parte, doy gracias al Pastor Eterno que me ha permitido servir a esta grandísima causa en el curso de todos los años de mi pontificado. "In medio Ecclesiae"... desde los primeros años de servicio episcopal –precisamente gracias al Concilio– he podido experimentar la comunión fraterna del episcopado. Como sacerdote de la arquidiócesis de Cracovia ya conocía la comunión fraterna en el presbiterado- el Concilio abrió una nueva dimensión de esta experiencia".

    5. ¡Cuántas personas tendría que nombrar aquí! Probablemente el Señor Dios habrá llamado a Sí a la mayoría de ellos. En lo que respecta a los que todavía se encuentran en esta parte, que las palabras de este testamento les recuerden, a todos y en todas partes, allí en donde se encuentren. En el curso de más de veinte años en que presto el servicio Petrino "in medio Ecclesiae" he experimentado la bondadosa y muy fecunda colaboración de tantos cardenales, arzobispos y obispos, de tantos sacerdotes y personas consagradas –hermanos y hermanas–, en fin, de tantísimas personas laicas, en la Curia, en el Vicariato de la diócesis de Roma, y también fuera de estos ambientes. ¡Cómo no abrazar con grata memoria a todos los episcopados del mundo, con los cuales me he encontrado a lo largo de las visitas "ad limina Apostolorum"! ¡Cómo no recordar también a tantos hermanos cristianos no católicos! !Y al rabino de Roma y a tantos numerosos representantes de las religiones no cristianas! !Y cuántos representantes del mundo de la cultura, de la ciencia, de la política, de los medios de comunicación social!

    6. A medida que se avecina el límite de mi vida terrena vuelvo con la memoria al principio, a mis padres, al hermano y la hermana –que no conocí porque murió antes de que yo naciese–, a la parroquia de Wadowice donde fui bautizado, a esa ciudad que amo, a mis coetáneos, compañeras y compañeros de la escuela primaria, del bachillerato, de la universidad, hasta los tiempos de la ocupación, cuando trabajé como obrero y después en la parroquia de Niegowic, en la cracoviana de San Floriano, en la pastoral de los universitarios, en aquel ambiente .... en todos los ambientes ... en Cracovia y en Roma ... en las personas que de forma especial el Señor me ha confiado.

    Quiero decir a todos sólo una cosa: "Que Dios os recompense".

    "In manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum"
    A.D.
    17.III.2000

     

EL SANTO ROSARIO REZADO EN LATIN POR EL SANTO PADRE JUAN PABLO II...


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